"Nunca le contaré esto a nadie"
En los tiempos muertos en los que vegeto gris y aburrida en los metros, en la cola del supermercado, fingiendo escuchar conversaciones que no me interesan, vuelco mi cabeza en si yo soy de ese tipo de personas que tienen un momento más feliz de su vida. Me gusta dividir el mundo en grupos simplistas como estos, otro de mis defectos, aunque no es el peor...Sin duda la mania de fechar la caducidad de las parejas observando su forma de tocarse y hablarse debe de ser mi defecto más insoportable, no suelo fallar, cosas de ser hija de familia no bien avenida, algunos aprenden a leer en los gritos, otros aprendemos a leer significados en la tensión de los silencios.
Mi momento más feliz... Estoy orgullosa de mi momento más feliz porque no aparece ninguna otra persona en primer plano nada más que yo y un cielo reventando de estrellas.Tenía dieciséis años y estaba de campamento en Salamanca en una especie de versión descafeinada de los boy scout, la única presencia de monjas monitoras y la total ausencia de chicos le quitaba intensidad al asunto, de ahí el descafeinado...
Un día de ppios de agosto las monjas decidieron que ya estabamos preparadas para hacer una marcha de las de verdad y nos lanzaron a una excursión que resultó delirante por la cantidad de kilómetros que hicimos, el peso de las mochilas y la ausencia de comida. A la supuesta hora de retorno al campamento nos encontrábamos en una esplanada al lado de una carretera de mala muerte, sentadas en las rocas y gastando las pocas energías que nos quedaban en reirnos de lo pánfilas que eran las monjas.
LLegó la noche y desplegamos los sacos de dormir al lado de la carretera, no fuera a ser que adentrándonos en la espesura del bosque nos violara un bigfoot o un pastor ovejero....Mejor morir arrolladas por los trailers que nos gritaban guarradas al pasar que violadas. No hay seres más obsesionados con el sexo que las monjas, aunque suene manido y obvio a ellas les debo mi promiscuidad y mis eróticas aventuras sin pies ni cabeza.
Hacía frío y me dolía un poco la espalda pero me quedé dormida por el agotamiento y porque no hay un sitio mejor en el mundo para dormir que mi saco, mullido y azul. Me desperté a las 2 horas, todo el mundo parecía dormir, desde mi posición horizontal y cubierta con el saco hasta las orejas vi una cúpula negra reventada de estrellas, nunca he vuelto a ver un cielo como ese.
Era tan increíble que algo me empezó a doler por dentro, supongo que nunca me he sentido más viva que en ese momento y lo que me dolía era la pulsión de la vida que latía fuertemente. Y me puse a imaginar como sería mi vida en el futuro con las estrellas como telón de fondo, todo eran posibilidades, no veía límites y comprendí que nunca sería tan feliz como en ese momento, con mis ilusiones intactas, una mente exploradora y un corazón infantil que no me dejaba ver nada más que los reflejos dorados de las cosas.
La tierra era joven y crecía al mismo ritmo que yo... "Nunca le contaré esto a nadie"... Me lo prometí con fuerza, era algo demasiado cursi, nadie entendería que otra persona pudiera ser feliz de ese modo. Y me lo guardé para mí como otras muchas cosas.
Ahora lo estoy contando y lo hago porque quiero momentos tan felices como ese pero tengo los puños cerrados apretando esa noche contra mis ganas desde entonces. Y si no abro las manos y las tiendo toda la felicidad caerá como hasta ahora en un charco delante de mí; quiero que las gotas de lluvia dejen mis dedos surcados por los reflejos dorados que antes veía por todas partes....




pablito dijo
La historia es muy bonita, y espero que tengas más momentos como ese.
Lo de que las monjas están obsesionadas por el sexo me recuerda la anécdota que contó no sé qué escritor sobre una vez que se estaba confesando cuando era niño. El cura le pregunta "¿Has tenido pensamientos impuros con tu hermana?" y él contesta "No". El cura insiste "¿Seguro que no has tenido pensamientos impuros con tu hermana?" y él contesta "Es que no tengo ninguna hermana". Y el cura "Ya, pero si tuvieras una hermana ¿los tendrías?".
Y Esther Tusquets contaba el otro dia por la tele que cuando era niña un cura le dijo que no era bueno que las amigas fueran muy amigas. Ella no entendia nada, claro, y fue a una monja a contarle lo que le habia dicho el cura. Y la monja le dijo que efectivamente no era cosa buena que las amigas fueran demasiado amigas.
No tiene mucho que ver con tu post pero es que en felicidad estoy pez.
Buen fin de semana.
8 Diciembre 2007 | 04:06 AM