Las monjas y yo
Nunca he ocultado el hecho de que las monjas y yo, jamás nos llevamos bien. Mis padres me inscribieron en el cole más serio y de mejor reputación del barrio, que para mi profundo pesar, resulto ser de monjas, con uniforme y sólo para chicas. Mis travesuras no se debían a un caracter maquiavélico si no al hecho de que a pesar de tener muchísima curiosidad por todo, me aburría tremendamente. Me desesperaba el tono monótono, desapasionado y repetitivo con el que aquellas mujeres nos enseñaban y adentraban en lo que seguro sea la experiencia más intensa y electrizante que pueda experimentar un ser humano, conocer y entender el mundo que le rodea desde todas las dimensiones imaginables posibles. Me ponía muy nerviosa el tinte moralista que le imprimían a cualquier materia, a mí, al igual que a los niños de hoy en día, me enseñaron conocimientos seleccionados por alguien, ni rastro de cultivar las herramientas de crítica y autocuestionamiento. No me extraña nada que crezcamos y sigan creciendo sin un sentimiento de verdadero amor al conocimiento. Por eso. mucha gente piensa que algunas cosas son como son por naturaleza, que fueron decididas en tiempos inmemoriales y que la repetición constante refrenda su validez. Ese es el mayor triunfo del poder y nuestra mayor miseria, que lleguemos a resignarnos al hecho de que las cosas no se pueden cambiar y que las actitudes individuales fruto de revoluciones internas no sirven para nada... NO ES CIERTO!
En realidad, todo este discurso no es más que una pataleta en retrospectiva. Hoy he visto en la tv un documental sobre "vidas monacales" Consistía en varios testimonios de hombres y mujeres de diversas edades que vivían recluidos en conventos de clausura. Inexplicablemente se les veía muy felices, se les notaba plenos, tenían ojos de persona que ha descubierto su lugar en el mundo, parecían tener existencias llenas de sentido. Yo que carezco de todas esas cosas sé reconocerlas en los demás cuando las veo y aunque me enrrabieto me acabo alegrando por ellos...
Las monjas no me han dado más que disgustos la verdad. Pondré ejemplos.
- Madre Cecilia ( profesora de religión)
- Yo misma= S
Madre Cecilia :" Como ya sabéis niñas los evangelios son unos libros que..."
Madre Cecilia: " S!!! que estás haciendo!!! ¿ Por qué miras hacia la ventana?
Es que estás viendo los cerdos volar?? ( sonrisita sardónica)
S: "Sí madre, pero a ud todavía no la he visto"
Esta gracieta me costó una hora de castigo todos los viernes después de clase en el aula de las "deshauciadas", niñas que según ellas no tenían remedio alguno. Nos ponían al cuidado de la monja más mayor de todas, una octogenaria arrugada medio sorda llamada Esperanza, que se empeñaba en que rezaramos el rosario en vez de dejarnos hacer los deberes. Un aburrimiento letal, insoportable, insufrible... No tuve más remedio que tomar medidas.
Antes del comienzo de la hora del viernes siguiente me metí en el armario de la clase, un hueco muy grande donde guardábamos las pinturas, la plastelina, los mapas y las cartulinas y me quedé allí sentada como una media hora aproximadamente. Recuerdo que se estaba fenomenal allí dentro y de vez en cuando abría un poco las puertas para inspeccionar al enemigo y dejar que entrase algo de oxígeno. Al término de la media hora salí del armario dando una voltereta en el suelo ( me hice daño) Se armó una gordísima porque se me ocurrió decir que me había dado un glope en la cabeza y que no recordaba nada de nada, que había perdido la memoria por completo y así estuve varias horas... Es un poco largo contar lo que vino después así es que resumo diciendo que me obligaron a tener sesión con la psicóloga del cole (otra monja) todos los meses durante todo el año. Siempre me hacía las mismas preguntas estúpidas, recuerdo especialmente la de " si una mosca se cae en tu vaso de leche que harías??" Yo contestaba lo que me daba la gana en función de mi estado de ánimo, a veces cosas más normales, otras veces cosas delirantes. Al final del año les dijo a mis padres sutilmente y con mucha terminología que yo era básicamente una niña rara y muy hipocondríaca, que solo hablaba de enfermedades. Aquello último era cierto, pero es que por aquellos entonces yo quería ser médico y en casa había una enciclopedia del ser humano chulísima con unas fotos altamente descriptivas de todo tipo de furúnculos y cosas supurantes, no era nada más que por eso.
Tengo bastantes historias de este calibre, ellas acabaron histéricas y yo acabé harta.
Por eso me sorprende ahora envidiar, pero envidiar de verdad las caras de esas monjas de clausura, tan felices....
Hay una cosa en la que ellas y yo coincidimos curiosamente y es en quitarle mucha importancia al sexo. A los ojos de muchas personas yo soy demasiado "open mind", demasiado esporádica. Pero la cuestión es que el sexo me parece algo tan pero tan natural, algo tan biológico que lo desvinculo por completo de cualquier tipo de moralina. Para mí es tan ridículo aplicar la ética a un plato de paella como a una buena sesión de sexo. Yo no pongo nada de mí en esos momentos, quiero decir, nada de lo que realmente yo considero valioso. Supongo que en mi la separación del sexo y de los sentimientos es muy acusada... Como ocurre en las monjas de clausura también...Esto demuestra la teoria de que los extremos se tocan.
Sé, que muchas personas no lo experimentan así, pero afortunadamente he aprendido por mi cuenta y no gracias a las monjas de mi infancia que hay múltiples, infinitas visiones de ver y sentir y aunque nos parezca lo contrario no vemos el mismo mundo ni de lejos y eso es maravilloso porque es lo diametralmente opuesto a la uniformidad y el aburrimiento



Cata dijo
Fui a colegio religioso, muy religioso, pero no de monjas...cero trauma (debo ser de las pocas). Hacía mucho lo que me brotaba y dos veces me echaron tres días a casa, una vez por fumar en el patio, la otra por contestar a una profesora que en mi opinión era una petarda y se lo dije (la que tuvo-retuvo).... En mi casa, me conocían y no fue nada dramático...a pesar de ello no tenía mala fama en el cole ni mucho menos... sigo (cuando puedo) acudiendo a las reuniones de antiguas alumnas y guardo un estupendo recuerdo. En cuanto a lo que me aportó? Ahora que soy mayor lo veo claro, siempre he sido selectiva, casi todo me aporta algo (aunque sea un disgusto o una rabieta, pero a la larga todo sirve) siempre termino por quedarme con lo bueno.... en mi educación hubo mucha paja sin duda, pero también un montón de cosas buenas (que en aquel momento podían parecerme gilipolleces) que a día de hoy hacen que sea como soy. En cuanto al sexo, si le daban importancia, en mi opinión excesiva importancia... y tal vez, como resquicio de aquella educación soy incapaz de separar sexo y sentimientos (eso si, los besos no cuentan :p)
pd- No se que carajo hago contandote mi vida XDD
7 Enero 2008 | 10:48 AM